Retro Anal-Isis: Donkey Kong Country 2

Si hubo un género de videojuegos que campeaba a sus anchas en el catálogo de la SNES (con permiso de los JRPG) era el de las plataformas: el salto era el rey de la colina, con todas sus variantes y copias se regodeaba en su Valhalla particular de ser el GÉNERO a batir.

Ahí convivían títulos excelsos como el Super Mario World, el Mario All Star, juegos bastante decentes como Aladdin o clones injugables con la mascota N de la compañía X de turno, y que dependiendo de como se viera, ya se notaba en el ambiente ese aire de tedio y poca innovación en el género (ya comenzaba a oler en pocas palabras). Es entonces cuando Nintendo por allá en el 93′, fiel a su estilo, decide traer del ostracismo al mono ese que tiraba barriles en ese juego cutre de cuando Mario era un asalariado del sistema.

 

Sí, el mismísimo Donkey Kong sería el protagonista de su propio juego nada más y nada menos. Cuenta la leyenda que la plana mayor de los Nintendos le ordenó al padre de Mario, Shigeru Miyamoto, hacerse cargo del proyecto DK, pero él mismo lo rechazó olímpicamente (cosas de diva supongo), el punto es que le dan el encargo a una compañía llamada RARE y esta devuelve al año con puntualidad inglesa esa roca a las plataformas que fue Donkey Kong Country.

 

Ya con el prestigio ganado Nintendo da luz verde a Rare para una secuela y de nuevo al año siguiente y sin despeinarse los británicos entregan Donkey Kong Country 2: Diddys Kong Quest, en donde el villano KK Rool secuestra a nuestro (no) tan querido Donkey Kong, por lo que su compañero de la primera aventura Diddy Kong decide ir a su rescate junto a su amiga/novia/es complicado Dixie Kong, pasando ambos dos por infinidad de peligros en el camino.

Estemos claro en algo desde el principio, DKC2 innova poco con respecto al núcleo del gameplay del primer título: como buen plataformas seguimos dando saltos de fe al vacío, balanceándonos por lianas, usando barriles, esquivando muchas más abejas, recibiendo ayuda de animales variopintos y recolectando bananas como posesos en el trayecto. Lo que hace distinto a esta segunda parte es en el ritmo de cómo lo hacemos, si señores, todo sucede a una velocidad vertiginosa, vibrante y rítmica y en eso tiene mucho que ver el tándem que forman Diddy y Dixie.

Reconozco que lo que más me gusta de los dos primeros DKC es tomar control de Diddy Kong y dejarme llevar con su velocidad de reacción y alcance, con lo escurridizo que era en algunos sectores y lo fluido que se volvía la secuencia de saltos con el; Te encontrabas pues en un modo de ritmo-contrarreloj auto impuesto donde la memoria visual y la capacidad de reacción mandaba. Y es que DKC2 en momentos puntuales está más cerca de un juego de ritmo que uno de plataformas ya que la disposición de los enemigos, barriles y la forma en cómo están estructurados los niveles te hablan de un interés tangible en remarcar la sensación de progresión rítmica y fluida por todos los obstáculos que presenta el juego, hasta las escenas de bonus y los objetos coleccionables del mismo se notan diseñadas con esta intención. DKC2 es una partitura de excelencia en plataformas en 2D.

Para nadie es un secreto que Diddy hacía más llevadero el cargar esa mochila de mierda que era manejar a Donkey Kong en el primer juego de la serie, por lo que en esta entrega seguimos teniendo al monito de gorra roja con su velocidad endiablada mientras que Dixie Kong en este, otorga un matiz totalmente distinto al de Diddy, ya que al usarla se disminuye el ritmo casi frenético del juego pero le otorga más variedad al gameplay con su capacidad para mantenerse flotando en el aire con su cabellera, así como la interactividad que hay entre ambos al montarse uno sobre otro (ejem… ) y lanzar a uno de ellos como proyectil ya sea para alcanzar lugares de difícil acceso o eliminar enemigos. Los controles de los monos están exponencialmente mejorados con respecto al primer juego ya que no hay esa sensación de delay en la acción- respuesta ni de inercia barata, o de unos hitboxes que iban a su bola por todo el juego. Aquí todo es de una precisión quirúrgica y de una respuesta digna de duelo de los mejores gatilleros del lejano oeste.

Los amigos que consigues en esta aventura son casi todos los mismos del primer juego: está el rinoceronte y su capacidad de romper paredes, el pez espada que hace lo mismo que el rinoceronte pero en el agua y la cacatúa y su vuelo flotante por escenas llenas de pinchos infernales son los que recuerdo al paso, aparte de la araña que lanza redes de telaraña para hacer plataformas temporales, este grupo da todo de sí para que la posible linealidad de ir brincando sin ton ni son mute en agregar nuevas formas de jugar un nivel en específico.

El diseño de niveles es variopinto, intrincado y más agradable a la vista, pasas de estar recorriendo un barco encallado a estar en un bosque frondoso, pantanos, factorías, los niveles frio-calor que son ley en las plataformas y lo que más se agradece es que ya no hay tanto marrón ni colores apagados, todo pulula y vive en colores brillantes sin llegar a extremos de colorines sin razón de ser. Las escenas dentro del panal de abejas para mi a día de hoy siguen siendo una de las más bellas que he visto en un plataformas 2D.

DKC2 es más de lo mismo pero mejorado, al DKC 1 pocas cosas se le pueden reprochar al ser un juego pionero nacido al calor de las circunstancias y que a pesar de sus aciertos y errores es un paso adelante a lo que ofrecía el género de las plataformas en 2D en esa época; pero sin duda el gran mérito de DKC2 es ser una secuela en la que la suma de sus partes es cualitativamente mejor que las mismas separadas; en como refina la fórmula original a base de mejorar en casi todos sus apartados con una naturalidad pasmosa y en la que es evidente esa sensación de trabajo pulido al milímetro y de lección aprendida con la iteración anterior; ya no hay momento superfluo ni regulero en DKC2, todo se nota mas calibrado y pensado; las ideas malas o redundantes se desechan en favor de las que funcionan y no rompen el preciado esqueleto del juego; y es allí donde la mano templada y casi artesanal de Rare resplandece: es fácil sentirse tentado a ponerle un jetpack a Diddy, hacer un nivel semi scriptado del mico en una Harley Davidson con su chaqueta de cuero negro y sus gafas de sol o crear un pastiche con todas las cosas molonas pero insustanciales que se han hecho desde siempre con el fin de impactar a lo bruto. Pero Rare sabía que de eso no iba esto, esto iba de manejar unos sencillos y adorables monos por unos niveles excitantes, retadores y creativamente expansivos a partes iguales; como cuando en los últimos compases del juego todos los amigos animales te ayudan a a lo largo de un solo nivel y que es ahí en donde se nota como todas las piezas del rompecabezas encajan hermosamente: más que pasarse el nivel es una marcha triunfante, festiva y casi carnavalesca por la buena ejecución de ideas para conseguir esos pequeños y preciados momentos de trascendencia que te marcan de por vida como jugador…

 

Al final del dia DKC2 es el juego de SNES que en mi opinión es el único que puede darle la mano y saludar cara a cara al Super Mario World y al Yoshi’s Island sin arrodillarse ante ellos.. y eso ya es todo un logro en sí mismo. 10/10

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